lunes, 23 de enero de 2017

A mis amigas feministas

Es difícil ser feminista en un mundo patriarcal. No sólo porque el mundo es violento y opresor con las mujeres (y con otras identidades) y una se pasa la vida demostrando que puede ser más que tetas y poto o que puede llorar a morir y después tener el temple para resolver problemas complejos. Es difícil porque cuando una es feminista le pone nombre a esas violencias y las cuestiona. Y es agotador encontrar desigualdad en todos lados. Una pierde amistades. Arruina almuerzos familiares. Se odia en el pasado. Es difícil porque una quiere transformarlo todo al tiro, pero los cambios son lentos y cuando parece que damos un paso, este sistema devuelve zarpazos de opresión que hacen sentir que todavía falta mucho. Es difícil porque dan ganas de no equivocarse nunca, de rehabilitarse rápido del machismo, pero una no se sana sólo con nombrarse feminista, una combate por dentro lo mismo que combate hacia afuera.