martes, 27 de diciembre de 2016

Cuando defender una causa implica menospreciar otra



Es triste —e inútil— que las distintas voces y voluntades que pertenecen o representan a identidades históricamente vulneradas se tiren palos, en Twitter, en una marcha o en un carrete. Pasó hace unas semanas, con lo de la muñeca inflable en la ceremonia de Asexma. Leí, con dolor de guata, a varones líderes de opinión echando a competir las violencias e incluso invitando a elegir la más grave o la realmente importante. Como si las diversas injusticias no pudieran indignarnos a la vez, como si las reivindicaciones políticas fueran otro producto de consumo neoliberal.